¿Cómo será el vino dentro de 50 años?

Probablemente muchos de nosotros ya no estaremos dentro de 50 años, pero no tengo dudas de que debemos trabajar para que los que sí estén, continúen bebiendo y disfrutando de este inmenso placer y este mundo del que vivimos muchas personas.

La sociedad está cambiando a pasos agigantados en sus hábitos, gustos y pautas de comportamiento. Por otra parte, el cambio climático también cambiará el plano vitivinícola en el todo el mundo.

Sin duda alguna, nuestros vinos tendrán que cambiar también.

El informe “Future of Wine Report”, publicado por la tienda de vinos londinense Berry Bros & Rudd (BBR), considera que para el año 2058, China será líder mundial en la producción de vinos de alta gama.
Sin embargo, la idea es hablar del vino, y no de cómo quedará configurado el mapa mundial del vino, ni cuáles serán las pautas de comportamiento de la sociedad.

En primer lugar, debemos considerar la calidad alimentária desde el punto de vista de seguridad alimentaria para el consumidor. Actualmente podemos ver que el tratamiento del vino está siendo el mismo que cualquier otro alimento, y tenemos como ejemplo la ley de productos alergénicos.

En segundo lugar, debemos contemplar el aspecto placentero del vino. El consumidor disfrutará de un vino en los momentos de placer, con los amigos, y en familia en ocasiones contadas.

Siguiendo la evolución de los sistemas de comunicación (internet, TV etc.) el futuro consumidor tendrá menor relación social, y por lo tanto, las oportunidades de consumo serán más bajas. Estas ocasiones, por otra parte, requerirán de un buen vino. El concepto cultural, el vino ligado al productor, el enólogo como protagonista de la obra de arte, desaparecerán.

Será el producto “Marca”, con buen marketing y packaging lo que demandará el consumidor. El enólogo será una pieza clave en la elaboración de los vinos, pero no tendrá el protagonismo comercial.Un vino de intensidad aromática, como cualquier refresco o producto alimentario, muy redondo y comercial en el paso por boca. Los consumidores no buscarán la complejidad, ni intentarán entender la astringencia, el amargor o la acidez excesiva de un vino, buscarán lo fácil de beber. Lo que hoy definimos como un vino comercial. No debemos olvidar que el vino es un producto que contiene alcohol, y que la tendencia al consumo de estos productos será menor, por lo que es probable que exista una dinámica a vinos de baja graduación alcohólica. En consecuencia, los vinos que se consuman serán vinos con elevada intensidad aromática, redondos, fáciles de beber, y con baja graduación alcohólica. Serán vinos elaborados desde la perspectiva del consumidor, y no desde los parámetros cualitativos que utilizamos hoy los técnicos. El cliente no entiende el vino como lo entendemos nosotros.

Debemos entender mejor al consumidor, y considerar sus preferencias, olvidándonos de nuestros prejuicios técnicos actuales.

Como dice mi amigo Patrick Ducornau, el buen vino es el que se vende.

Os deseo unos felices próximos 50 años con buen vino.

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