La era digital en la Enología, ¿cómo nos conectamos?

Las nuevas generaciones nacieron en la era digital y las no tan nuevas se sumergen en ella a pasos agigantados. Las innovaciones tecnológicas irrumpen en nuestro día a día y en poco tiempo llegan a formar parte de nuestra rutina. App’s como Whatsapp, o Spotify, los softwares de reconocimiento facial y de sonido, los asistentes virtuales, los drones, infinidad de nuevos sensores… todos ellos llegan y se instalan en nuestras vidas para complementarnos y facilitarnos las tareas.

Las nuevas tecnologías permiten relacionar y analizar de forma masiva y en tiempo récord cantidades ingentes de datos, el famoso Big Data. Estos análisis convenientemente tratados mediante algoritmos cada día más complejos desembocan en lo que llamamos Inteligencia Artificial (IA), que no es más que la capacidad de aprendizaje del software, ya sea a través de datos que obtienen de fuentes externas o de los que generan en su trabajo diario.

A efectos prácticos, la IA se traduce por ejemplo en software capaces de tomar decisiones complejas y razonadas, o en automatismos y robots capaces de realizar más y más funciones. Y lo más trascendental, que aprenden día a día de sus aciertos y errores.

Sectores como el tecnológico, el financiero, el sanitario, el logístico o el educacional son los pioneros en la integración de estas nuevas herramientas, pero el sector vitivinícola no se queda atrás y empieza a introducirlas.

La ayuda que proporcionan estos sistemas en cuanto a toma de decisiones, planificación y aprendizaje continuo, es muy valiosa para viticultores y enólogos, son herramientas que nos dotarán de seguridad, versatilidad, rapidez y eficiencia para llegar a nuestro vino objetivo.

Son ya numerosos los ejemplos de estas aplicaciones en el sector vitivinícola. Los drones ya viajan por los viñedos de todo el mundo y nos informan del vigor, la presencia de plagas, las carencias nutricionales o la capacidad fotosintética. Las estaciones meteorológicas conectadas captan y transmiten en tiempo real los datos que nos permiten prever la evolución de la maduración. Proyectos como el VineRobot pretenden crear un vehículo terrestre dotado con sensores capaces de obtener y transmitir información sobre el estado del viñedo en tiempo real Leer más.

El Big Data y la Inteligencia Artificial ya han llegado y están para quedarse en nuestros viñedos y en nuestras bodegas. Ya sea en forma de software, app’s, automatismos, robots o asistentes virtuales, tendrán numerosas aplicaciones en la vitivinicultura:

  • Determinar con precisión el potencial de cada parcela para hacerla rentable, económica y organolépticamente precisa.
  • Medir y corregir para obtener el vigor adecuado en cada parcela.
  • Gestionar la superficie foliar para disminuir las pirazinas.
  • Determinar con antelación la fecha de vendimia precisa para una madurez conforme al perfil de vino objetivo.
  • Planificar y optimizar los recursos materiales y humanos en bodega.
  • Dominar la extracción en función del estilo de vino.
  • Pilotar los parámetros críticos de la fermentación alcohólica como la población de levaduras, la nutrición y la velocidad de fermentación.
  • Gestionar la crianza dominando los aportes de madera y oxígeno y parametrizando y controlando las desviaciones indeseables.
  • Entender e interpretar al consumidor con un feedback continuo.

Son solo algunos de los ejemplos de lo que nos viene.

Los cambios siempre asustan y, a la velocidad que están evolucionando estas innovaciones, podríamos pensar que en pocos años llegarán a sustituir a los humanos y que en el viñedo y las bodegas no serán necesarios ni viticultores, ni bodegueros ni enólogos. Nada más lejos de la realidad; las innovaciones, por disruptivas que sean, siempre terminan siendo positivas si las acogemos con mente abierta y somos capaces de integrarlas y de entender e interpretar las nuevas oportunidades que nos brindan.

La inteligencia artificial, los robots y los asistentes virtuales no serán nuestros sustitutos sino nuestros complementos. La clave está en educarlas y enseñarlas a aprender de forma que nos ayuden a ser más eficaces, a desarrollar una viticultura y enología vivas, más precisas y sostenibles, simplificando las tareas de planificación, gestión y control.

Y así, dejar espacio en nuestras mentes y en nuestras jornadas al trabajo de creación y diseño de vinos que enamoran.

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