Guillem


Siempre he sido lo que llaman “un feo con suerte”. Nací en la Conca de Barberà una discreta comarca catalana de secano aunque de bien pequeñito me injertaron en Barcelona, pero tuve la suerte de no olvidar mis orígenes y allí en Vallclara tuve mis primeros contactos con el viñedo espergurando y vendimiando, y con el vino a través de las suculentas meriendas a base de “pa amb vi i sucre” que me preparaba mi tía abuela, ¡qué gracia tenía la mujer con el porrón, no dejaba ni un granito de azúcar por mojar! seguro que le gustaría hacerlo con el vino que ahora elaboro allí.

GuillemEn Barcelona crecí y me formé, con muchas horas de estudio y otras tantas de curros basura, con las correspondientes juergas y muchas travesías por todos nuestros montes; incluso a menudo con buenas tardes de fútbol con nuestro Barça.

No creáis que todo han sido “flors i violes” como dicen en mi pueblo; tengo la mala suerte de ser miope, de haber tenido que currar mucho, de ser adicto a la nicotina, de descubrir el alpinismo a los veinticinco y no a los quince, y unos cuantos defectos inofensivos que por suerte más o menos reconozco y aprendo a convivir con ellos.

Tuve la suerte de darme cuenta a tiempo de que yo no quería ser biólogo sino que simplemente amaba la vida y la naturaleza, contemplarla y disfrutarla, entenderla y vivirla. Entonces mi sentido pragmático me llevó a la ingeniería agroalimentaria y en el vino encontré: voi là! la cuadratura del círculo, un producto vivo donde confluyen todas las ciencias las puras y las metafísicas, con una vertiente hedónica infinita en sensaciones y en las relaciones humanas que comporta y del que además puedes hacer un modus vivendi siempre interesante. Aprendiendo todo esto conocí a mi Carmen y hoy cuando lee estas líneas me dice “qué suerte, qué fácil te fue escoger sin miedo a equivocarte”, Lluc, nuestro peque, me dice “ta to ta ti to tataaa!”.

Tras la “belle époque” de estudiante/currantebasura, llegó la hora del compromiso y fui afortunado al encontrar un trabajo para el que no estaba preparado, allí aprendí que todos podemos aprender, y más cuantos más seamos. Además tuve la suerte de conocer a mis socios Benito, Iñaki y Xabier con los que comparto AZ3 Oeno, un bonito y esforzado camino de aprendizaje, como el couloir de Gaube que algún día escalaré, como el que queremos compartir en este blog con todos los que pensáis que juntos sabemos más, con todos los que disfrutais hablando y escuchando de vino.